
"Un ansia infinita de paz". Así terminaba el discurso de investidura el presidente del gobierno de España, Rodríguez Zapatero, apoyándose en el testamento de su abuelo, fusilado del bando republicano en el año 36. Isabel Durán y Carlos Dávila, dos moscas cojoneras, se han arremangado las mangas de la camisa y se han puesto manos a la obra desempolvando archivos.
Y lo descubierto se las trae.
Cuando Zapatero se convierte en Secretario General del PSOE, en el año 2001, erige un monumento a su abuelo en los montes de León, en un lugar del frente donde nunca se incorporó. Cuando estalla la Guerra Civil, no se pasa al frente republicano, se va a León capital, donde es detenido porque esa ciudad ya era nacional.
Otra aportación. La trayectoria del abuelo, que aparece en el expediente militar, donde se le considera una especie de traidor y de agente doble, donde se descubre la carta al director de El Socialista ofreciéndose de informador, donde en esa misma carta se le califica como jefe del servicio de espionaje en un cuartel de León...
Un libro de Isabel Durán y Carlos Dávila, periodistas. Eso sí con talante.


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