22 noviembre 2006

Política sin principios

Ciertamente es ilustrativa la encrucijada actual del gobierno de España. Inscrita en esa suerte de divorcio entre fines y medios, característico de un Zp sin rumbo, como consecuencia de la disociación entre los objetivos racionales a los que en teoría se debe, y las conductas políticas que en realidad los niegan.
No estamos solamente ante la eclosión de interpretaciones distintas de la coyuntura, de diferencias cuya dialéctica resulta necesaria a nuestra democracia, hablamos de una crisis en toda regla.
Y esto es así porque la política es un medio y no es un fin en sí misma. Pues resulta del todo evidente que no se debe construir una política basada en la mentira, tal y como esta ocurriendo. Pero por encima de todo, los ciudadanos no debemos aceptar una democracia en la que se justifique engañar, y en la que se diga impunemente lo que sea y se prometa irresponsablemente cualquier cosa, a cualquiera.
Lo cierto es que hay que hacer un gran esfuerzo mental, casi sobrenatural ante tanta incongruencia.
La democracia no puede degenerar ante quienes instalados en la mentira y en el afán sólo de agradar, buscan con sus frases impactar mediaticamente. Por la simple razón que la política no puede estar condenada a la mentira.
Quienes creemos en la Democracia, tenemos el firme convencimiento que los valores Constitucionales, son los instrumentos, para el logro del Bien Común, la Justicia Social, el respeto a la dignidad humana, la defensa a ultranza de los derechos humanos y la solidaridad.
Si no es así, entonces es política sin principios. Uno de los "siete pecados sociales" citados por Ghandi en 1925.
Y esa política sin principios se escenifica todos los días, cuando el vocero etarra, desde la más absoluta impunidad nos escupe a la cara su chulería, se trata injustamente a los jueces intentado soslayar su independencia desde el Ejecutivo socialista y socios de gobierno, se ocultan impunemente desde el ministerio Rubalcaba datos sobre la delincuencia, se vuelve la espalda a las victimas de terrorismo. O no se dan respuestas claras sobre qué garantías y qué acuerdos concertaron —y si lo hicieron— el Gobierno y los asesinos de eta en los meses precedentes al «alto el fuego permanente» o simplemente soportamos día si y día también los regüeldos del personaje blanco-ladrillo”, como consecuencia de la presión causada por la deglución inconsciente de aire ocasionada por sus soflamas insufribles.
La democracia no puede degenerar ante quienes instalados en la mentira y en el afán sólo de agradar, buscan con sus frases impactar mediaticamente. Por la simple razón que la política no puede estar condenada a la mentira.
Quienes creemos en la Democracia, tenemos el firme convencimiento que los valores Constitucionales, son los instrumentos, para el logro del Bien Común, la Justicia Social, el respeto a la dignidad humana, la defensa a ultranza de los derechos humanos y la solidaridad.
Si no es así, entonces es política sin principios. Uno de los "siete pecados sociales" citados por Ghandi en 1925.
Y esa política sin principios se escenifica todos los días, cuando el vocero etarra, desde la más absoluta impunidad nos escupe a la cara su chulería, se trata injustamente a los jueces intentado soslayar su independencia desde el Ejecutivo socialista y socios de gobierno, se ocultan impunemente desde el ministerio Rubalcaba datos sobre la delincuencia, se vuelve la espalda a las victimas de terrorismo. O no se dan respuestas claras sobre qué garantías y qué acuerdos concertaron —y si lo hicieron— el Gobierno y los asesinos de eta en los meses precedentes al «alto el fuego permanente» o no se dice abiertamente el motivo por el cual cunde el pesimismo en una negociacion que nunca se hubo de iniciar
Decía Cicerón. “Todos los hombres pueden caer en un error, pero sólo los necios perseveran en él”.
Cuando no se reconocen los errores, no se los corrige, o no aprende de ellos, se introduce en una espiral de autoengaño y encubrimiento que potencia esos errores, y causan una herida mucho más profunda.
Y aunque somos libres de elegir nuestras acciones, no lo somos tanto para eludir luego las consecuencias de esas acciones que hemos elegido.
Antonio Quintana Guerrero.
Publicado en Extremadura al día (19.11.06)
Publicado en Extremadura Liberal (17.11.06)

No hay comentarios: