
El irreal hiperrealismo
Todas las exposiciones tienen un título temático que aúna la idea en torno a la cual se ha movido la intencionalidad del artista. Sin embargo, esta que se inauguraba a las once horas del uno de abril en el Patio Noble de la Asamblea de Extremadura, sólo tiene como divisa el nombre del pintor, Antonio Castelló Avilleira, porque en el fondo es lo que desea mostrar, su obra, sin más. O quizás a él mismo, ya que en su presentación desnudaba todo el misterio.
"La estética no existe, sino sólo el artista. La naturaleza no tiene valor estético, sino aquel que se saque de ella y se le dé".
Al acceder al patio uno se encuentra unas inverosísimiles cerillas, distribuidas sobre el cuadro, que el pintor simboliza como: Es la vida que se va apagando poco a poco.
Y posiblemente sea así, porque la vida puede ser un círculo alrededor del cual giramos quemándonos poco a poco y que en el centro se encuentra algo que ya se nos ha quemado, pero que seguimos girando en el recuerdo alrededor de él, o un cuadrado aparentemente simétrico, pero que se rompe en algún lugar, o un entramado bien estructurado pero que se ha deshecho en uno de sus componentes. Ante su visión, al espectador avisado no pueden sino recordarle las palabras que aquel culto pintor y escritor del s.XVII, Antonio Palomino que acuñó para Luis de Morales y la posteridad el epíteto de "El divino", decía: " Hizo cabezas de Cristo con tan gran primor y sutileza de los cabellos, que al más curioso en el arte ocasiona el querer soplarlos, para que se muevan, porque parece que tienen la misma sutileza que los naturales".


Porque de igual modo, se retiene la respiración ante el cuadro no sea que con un soplo incontrolado alguna de las leves cenizas depositadas en él, puedan salir del mismo dispersándose en el aire. E igual que el pintor griego Zeuxis pintó unas uvas tan reales que algunos pájaros engañados acudieron a picotearlas, algún visitante mostró su extrañeza que se colgaran unos cuadros en tal lugar cuyo único mérito era pegar unas cerillas desgastadas a una superficie, hasta que cayó en la cuenta que se trataba de una acuarela y no de la realidad.


Paso a paso, Antonio Castelló Avilleira nos va mostrando una obra que pasa de un impresionismo, con una pincelada más larga, a un hiperrealismo, en el que no hay rastro alguno de que el pincel se haya posado por la superficie, y la pintura deja de ser tal para convertirse en realidad.
Quizás sea tal el asombro que no deje mucho espacio a la mente, para percibir ese algo más, que también se encuentra en su pintura. No deja de ser llamativo que un pintor tan volcado en la materialidad, realice un cuadro como "Cielo", que se escapa de todo el conjunto y que parece por la distribución de los colores en el lienzo, un cuadro abstracto, con la superposición de colores uno sobre otro en los que contrariamente a lo habitual, los mas pesados están sobre los blancos.
O ese extraño y de dificilísima factura "Arco 4", sin dejar de mencionar un paisaje de encinas, casi puntillista. Pero son los cuadros de frutas los que no permiten descanso a la admiración de quién los contempla. "Es muy difícil y costoso hacerlos, son capas y capas", me explicaría el pintor, pero que como en el cuadro del griego Zeuxis, no le extrañaría a nadie que las moscas se posaran sobre las jugosas ciruelas o las apetitosas fresas, engañadas por la realidad, esperando libar su azucarado líquido.
A nadie extrañaron las palabras del presidente de la Asamblea, Juan Ramón Ferreira, cuando se dirigía a los asistentes en la inauguración de la muestra: "Disfrutemos todos los extremeños y extremeñas del arte de Antonio Castelló. En el futuro nos acordaremos de la buena idea de traerlo, porque dentro de poco será imposible hacerlo.
A nadie extrañaron las palabras del presidente de la Asamblea, Juan Ramón Ferreira, cuando se dirigía a los asistentes en la inauguración de la muestra: "Disfrutemos todos los extremeños y extremeñas del arte de Antonio Castelló. En el futuro nos acordaremos de la buena idea de traerlo, porque dentro de poco será imposible hacerlo.
"Espero que reciban una energía positiva de mi obra, porque hay que disfrutar de cada minuto que nos brinda la vida". Con estas palabras resumía el autor su intencionalidad a la hora de colgar su obra en la Asamblea, y con tan acertadas palabras, les dejo.
En Patio Noble de la Asamblea de Extremadura, expone sus cuadros un joven pintor, y resalto lo de joven, ya que su obra tiene una solidez y perfección que asombra. Este pintor nacido en Madrid, en 1972 se encuentra ya incluido en la escasa y selectiva lista de los mejores pintores hiperrealistas.
Antes de sentarnos, a charlar en el patio de un conocido hotel de la ciudad, hemos ido viendo su obra. Frutas, paisajes, y bodegones abordados con la composición más clásica, pero en los que la fruta muestra su jugosidad, y el cristal del frutero parece que vaya a ensuciarse en cualquier momento con las gotas que rezuman.
Camino a su lado por la calle y sus ojos no dejan de empaparse del ambiente de la ciudad y de la abundancia de restos arqueológicos y de historia, que percibe en tan breve paseo.


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