
La incorporación de la mujer al mercado de trabajo es un hecho, si bien la legislación va detrás de los cambios sociales, existe al respecto un amplio abanico normativo que trata de potenciar su incorporación mediante fórmulas como los Planes de Fomento de Empleo, la conciliación de la vida familiar y laboral.
Pese a todo existe otra realidad, dos de cada tres personas que trabajan en la economía sumergida son mujeres. Este tipo de trabajo significa la ausencia de derechos sociales o laborales, unos sueldos por debajo del mínimo interprofesional y jornadas de trabajo largas y en condiciones realmente duras.


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