
Por estos días al presidente Rodríguez Zapatero se le ve con ojeras y bolsas bajo los ojos, algunos kilos de menos la voz cansada y la cabeza colgada, el cuello de la camisa ancho por lo que corre un serio peligro, tropezar y salirse por el. Pocas cosas dicen tanto de la situación física y anímica de una persona como las bolsas debajo los ojos y las ojeras.
La prueba más evidente es cuando llamó 'accidente' al atentado de ETA por un 'lapsus linguae' error achacado por Zp al cansancio, aunque hace más de medio siglo que Freud preconizó “las aparentes equivocaciones verbales -lapsus linguae- no lo son tanto y que en la mayoría de los casos sacan a la luz motivaciones inconscientes que de forma consciente nunca nos atreveríamos a expresar”.
Este es un hombre agotado, agobiado por el peso de sus errores y los problemas que solo él ha generado. La opinión pública ha visto a un jefe del Ejecutivo a la defensiva, que levantó una coraza, que prefirió meterse en una burbuja, que echó mano de las obviedades solemnes, de la retórica superficial, transmitiendo la sensación de que los españoles van a poner la otra mejilla ante ETA.
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Dicen por ahí que el camino al infierno esta empedrado de buenas intenciones, incluso los hay quienes argumentan que existen tantas realidades como pares de ojos, aunque no aclaran cual es la realidad del bizco. Pero lo cierto es que cuando una nave se va a pique, todo el que se encuentra a bordo trata de salvarse, y por último, toda la porquería que se encontraba sobre cubierta flota.
Dicen por ahí que el camino al infierno esta empedrado de buenas intenciones, incluso los hay quienes argumentan que existen tantas realidades como pares de ojos, aunque no aclaran cual es la realidad del bizco. Pero lo cierto es que cuando una nave se va a pique, todo el que se encuentra a bordo trata de salvarse, y por último, toda la porquería que se encontraba sobre cubierta flota.


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