18 mayo 2006

Aquí estaremos mañana

Bien es sabido que el manejo de las masas es más sencillo que el cuerpo a cuerpo. En el griterío se ahogan las divergencias, en el anonimato se difuminan las sombras se desvanecen controversias, y se esconde el miserable patológico y los espíritus mediocres, cobardes.
El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo escabulléndose como puede con el rabo entre las piernas, como único elemento falico, porque carece de lo más elemental.
Huye sacando pecho, para que nadie sospeche siquiera de su cobardía. Llega sigiloso, medroso, de puntillas, sin hacer ruido, y allí en lo más oscuro deja constancia de su presencia, el chiste, el panfleto fotocopiado, resaltado en fosforito que provocara las risitas del conejo propias y ajenas, por lo bajini, con grandes aspavientos.
Al ofendido solo le cabe la dignidad del mejor desprecio, no hacer aprecio.

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